"-Extraño destino, míster Forbes, que Pedro Yasic, el hombre que huyó con el oro, haya venido a dar sin oro a la casa del hombre que halló la paz..." (El oro y la paz)El oro y la paz es la historia de Pedro Yasic, un ambicioso chileno que llega a un remoto pueblo en Bolivia en Busca de oro. Ha ido siguiendo el rastro que le indicó su tío, Pedro Ibáñez, en su lecho de muerte, sobre un gran yacimiento de oro que él había ubicado a orillas del Tipuani. La intención de Pedro Yasic era llegar, sacar el oro, y salir de Tipuani en un mes.
Pedro es un hombre meticuloso y calculador. Había previsto todos los detalles para asegurarse de poder sacar el oro de su tío. Su mayor inconveniente era sacar el oro de tan remota localidad sin que nadie se diera cuenta. Pedro sabe que todo el oro de Tipuani debe ser vendido al Banco Minero por una fracción de su precio actual en La Paz.
Pedro Yasic sabe que sacar el oro de Tipuani es una empresa que no logrará solo. Se dedica a buscar un posible socio, pero ¿quién podría ser? La solución la encuentra el día en que va a visitar a su amigo Alexander Forbes -un escocés que dejó Europa tras el rastro de su hijo desaparecido, y que fue conquistado por la paz que encontró en la selva. Allí conoce Pedro al comerciante de pieles, Salvatore Barranco, y de inmediato sabe que éste es el hombre que necesita: hombre blanco, conocedor del lugar y desilusionado de la promesa de riqueza con la que hacía años había viajado a la Selva.
Ayudados por unos indígenas, Pedro y Salvatore sacan 30 kilos oro de 24 quilates, y pronto emprenden su viaje a través de la selva. Los acompañan Angustia, la esposa de Salvatore y John Caldwell, un misionero anglosajón. Pedro y Salvador no les confían el secreto del oro a sus acompañantes. Ellos creen que al cruzar la selva les espera una vida de riquezas. Sin embargo, la realidad será otra, los peligros de la selva impedirán que estos aventureros logren su cometido.
En cuanto a la técnica narrativa, la novela está armada de forma perfecta. Se cuidan todos los detalles, y se va preparando al lector para el desenlace. En la narración todo tiene un propósito y permite que el lector crea los eventos que se le narran. Por ejemplo, la caracterización de Angustias y todo lo relacionado a la pérdida de su hijo al ser asesinado en brazos de su hermana trazan una línea directa a su suerte al final de la novela. Un día al ver que Pedro Yasic le disparó a una mona con su monito en brazos, ésta reaccionó de una manera inexplicable para él, pero no para el lector que sabe lo ocurrido a su hijo:
"Angustia lenvantó los brazos, se cubrió con ellos la cara y gritó... Angustia se volvió, clavo en Pedro Yasic una mirada que no olvidaría en mucho tiempo, y emprendió una carrera loca.
-¡Mi hijo! ¡Han asesinado a mi hijo!
-Iba gritando."Angustias desapareció en la selva. A Pedro le fue imposible dar con su paradero. Sin embargo, al final nos enteramos, a través del periódico de que se encuentra en una tribu, y se dedica a cuidar los niños indígenas.
Del mismo modo, el lector es preparado para el final de Pedro Yasic a través de una creencia que existe en la selva:
“Si se pierden –explicó Ramírez- caerán en nuestras manos, porque el que pierde el rumbo en la selva se dirige inconscientemente hacia el lado del corazón y acaba trazando un circulo que al final lo conduce al punto de donde salió.” (180).Estos son sólo dos ejemplos de muchos, que nos hablan de la concepción del arte de narrar de Juan Bosch. Me parece que en El oro y la paz sólo se equivocó en su caracterización de John Caldwell, y el final que le aguarda. Es totalmente inverosímil que un hombre de veinte dos años no haya conocido jamás el deseo sexual. A pesar de la represión religiosa que Bosch trata de usar para justificarla, no es creíble que el jamás hubiera sentido, aunque fuera el más mínimo deseo sexual. Otra cosa habría sido decir que por la religión jamás se dejó arrastrar por el deseo; pero hacer que el descubrimiento de éste, a los veinte dos años, impulsen su trágico fin, me pareció una incoherencia narrativa.
A pesar de ese pequeño desliz narrativo y alguna otra cosilla, debo decir que me gustó mucho la novela. Hubo momentos de mucha intensidad narrativa en la que me mantuve a la expectativa, y totalmente metida en la trama. De igual modo, me encantó la gran economía de palabras, sólo se dice lo necesario para contar la historia; pero a la vez, Bosch nos ofrece un lenguaje muy poético, cuajado de bellas imágenes.
